Método
Por qué damos plazos en semanas y no en meses
Un plazo de seis meses es una forma elegante de decir que no lo sabemos. Preferimos entregar cada dos semanas.
Un proyecto estimado en seis meses se entrega en nueve. No por mala fe: porque nadie sabe en el mes uno lo que hará falta en el mes cinco.
Por eso trabajamos con entregas cada dos semanas. No es una preferencia metodológica, es una forma de repartir el riesgo: en la semana cuatro ya estáis usando algo, y las correcciones llegan cuando todavía son baratas.
Lo que implica para vosotros. Hace falta alguien disponible una hora cada dos semanas para mirar lo entregado y decir qué falla. Es poco tiempo, pero no es cero, y los proyectos donde nadie puede dedicarlo son los que acaban torcidos.
